Yo todavía no estoy desperdigao por el mundo, pero en un par de meses o tres comenzarán mis aventuras en tierras australianas.
Este último año ha sido una larga travesía por el desierto. El proyecto en el que estaba enmarcada mi beca no se renovó este año, por lo que no me quedó otro remedio que empezar la redacción de la tesis que a día de hoy todavía no ha concluído (aunque espero depositarla la semana que viene). Sin cobrar ni un duro, con el ánimo por los suelos, y sin saber qué iba a ser de mi futuro. Así ha sido gran parte de este 2006 que acaba. En fin, qué voy a contar que el resto de precarios no haya sufrido ya.
Después de decenas de curriculums enviados, dos entrevistas de trabajo (con viaje a Inglaterra incluído) y una tesis escrita con muy pocas ganas, llegó el día D. Llamada desde Sydney, el posdoc es mío. Un estímulo para acabar la tesis de una vez. Desde entonces he estado completamente estresado para poder acabar la tesis y a la vez, hacer todo el papeleo del visado de trabajo (las desventajas de currar fuera de la UE). Eso sí, el premio merece la pena. Dos años de contrato, con un salario digno, me pagan el viaje hasta allí, el hotel hasta que me establezca e incluso la mudanza en el caso de que tenga muebles. ¿Es posible que exista vida más allá de la precariedad? Por lo que parece, donde voy a trabajar sí.
Así termina el capítulo piloto de Crónicas de las Antípodas. Estén atentos a sus pantallas.
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